Las dirigencias del PAC y el PUSC conversan para plantear al electorado una opción de “centro”
Está por verse si los negociadores de la coalición representan al grueso de sus partidos o solo detentan los puestos de dirección al abrigo de las circunstancias
El más reciente encuentro de las autoridades del Partido Acción Ciudadana (PAC) y la Unidad Socialcristiana (PUSC) dio muestras de un realismo político hasta ahora desterrado de las pláticas para forjar una alianza electoral con miras a los comicios del 2014. En busca de mayor coherencia ideológica, la cita excluyó expresamente al Movimiento Libertario.
La insistencia en plantear alianzas demasiado amplias, fundadas en el antagonismo al PLN y no en la proximidad de pensamiento, impide la formulación de propuestas y falsea la oferta electoral, restándole credibilidad. La coherencia de pensamiento entre el PAC y el PUSC también es discutible, pero las facciones representadas por las respectivas dirigencias parecen sentirse cómodas en la mutua compañía, tanto como para explicar la exclusión de los libertarios como necesaria para presentarse ante el electorado como una opción ubicada “en el centro del espectro ideológico”, en palabras de Elizabeth Fonseca, presidenta del PAC.
La más reciente cita entre miembros de la oposición incluyó a algunas figuras del Movimiento Libertario, pero Fonseca aclaró que el propósito es atraer a sectores que pudieron haber votado por ese partido sin compartir la ideología.
La definición ideológica de la alianza invita a preguntar por la suerte de otros socios políticos del pasado reciente, como el Frente Amplio. ¿Será también excluida la más clara representación de la izquierda en la Asamblea Legislativa? ¿Renuncian los nuevos forjadores de la alianza a la posibilidad de lograr acuerdos con otros grupos de izquierda cuya manifiesta voluntad es participar de un amplio movimiento opositor?
Según la presidenta del PAC, la intención es dar una “clarísima señal” del deseo de construir una concertación “de amplia base popular, pero de centro ideológico, sin extremos de derecha ni de izquierda”. Si en efecto los partícipes de las conversaciones comparten el centro, o cualquier otro punto del espectro político, cuya calibración es siempre tan subjetiva, habría bases para un entendimiento coherente y realista.
Sin embargo, es bien conocida la fractura entre los dirigentes reunidos para fraguar la coalición y los fundadores y líderes históricos de ambas agrupaciones. En el PUSC, las tensiones entre la dirigencia formal y el liderazgo histórico estuvieron a punto de causar un cisma cuya consecuencia habría sido el distanciamiento de las principales figuras y, con ellas, la base electoral. En el PAC, la corriente fundacional parece haber encontrado una personalidad unificadora en la exdiputada Epsy Campbell, ya decidida a procurar la candidatura con apoyo de los grupos próximos a Ottón Solís.
Está por verse si los negociadores de la coalición representan al grueso de sus partidos o solo detentan los puestos de dirección al abrigo de las circunstancias. En el PAC, las corrientes fundacionales se han mostrado menos cercanas a la idea de una coalición con partidos frente a los cuales tienen reservas de orden ético, particularmente el PUSC. En el bando socialcristiano, los grupos fieles a la dirigencia tradicional son más proclives a un acercamiento con los libertarios, expresamente excluidos de las pláticas entre los grupos dirigentes, cuyos integrantes admiten la provisionalidad de sus acuerdos y la necesidad de refrendarlos con los respectivos partidos.
Si no prospera la apelación a la resolución del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) para mantener los acuerdos de su anulada asamblea nacional, el PAC deberá apresurarse a enmendar las causas de la anulación en una nueva cita donde definirá las reglas de su convención interna y los plazos fijados para inscribir candidaturas. Solo entonces se despejará el panorama de los aspirantes y se consolidarán las tendencias. Quedará poco tiempo para forjar una alianza con el PUSC aun si las negociaciones de estos días reciben el respaldo de la dirigencia tradicional de ambos partidos y de su base electoral.
Las decisiones y acontecimientos de los próximos meses podrían variar de manera significativa el panorama político y el campo de acción del Gobierno, en especial por las repercusiones del reacomodo sobre la Asamblea Legislativa.
El retorno de la corriente fundacional al control del PAC crearía condiciones para un diálogo más fluido con el Gobierno, a juzgar por los precedentes establecidos este año, pero las mismas razones pesan a favor de una relación antagónica si la tendencia que en la actualidad controla el partido se consolida y se proyecta a la lucha electoral del 2014.